Iepades

Instituto de Enseñanza para el desarrollo sostenible

Comunicado

31/05/2016
31/May/2016

Ninguna forma de violencia contra las mujeres y las niñas  puede ser tolerada: Alto a la cultura de tolerancia a la  violencia contra las mujeres, Alto a la Impunidad. Proteger la vida de las mujeres y las niñas es una responsabilidad de toda la sociedad

La Oficina Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe se une al repudio por el atroz caso de violación perpetrado por treinta hombres contra una menor en Río de Janeiro, Brasil. Este hecho se ve agravado por la brutalidad con el que fue cometido y la degradación a la que fue sometida la víctima al ser subidas a Internet imágenes y grabaciones de este condenable acto. Preocupa asimismo la alegación de que un hecho similar se registró en Bom Jesus, estado de Piauí, donde una mujer habría sido víctima de violación por parte de cinco hombres, en un suceso que continúa siendo investigado.

Estos acontecimientos han causado el más fuerte rechazo y conmoción en la comunidad internacional. Diversas entidades públicas, organizaciones de la sociedad civil, agencias del sistema de Naciones Unidas, medios de comunicación social, así como personalidades de los ámbitos artístico y cultural, se han pronunciado con contundencia. Desde esta Oficina Regional, añadimos nuestra voz a esta enérgica condena e instamos a las autoridades competentes a administrar todo el peso de ley a los agresores y a proteger la intimidad y la dignidad de las víctimas.

La tolerancia social a la violencia contra las mujeres y las niñas  es sistemática y va desde la violencia física, psicológica, económica y ocurre tanto en los espacios públicos como en los privados. La violencia se vive en un continuo realzándose durante desastres naturales y conflictos armados y permaneciendo para siempre en la vida de hombres y mujeres y con consecuencias nefastas para toda la sociedad.  Datos de la OPS revelan que:

La iniciación sexual forzada y no deseada ocurre a edades tempranas para muchas niñas en América Latina y el Caribe:

Proporciones sustanciales de mujeres jóvenes en todas las encuestas informaron que su primera relación sexual había sido ‘forzada’. Los esposos, compañeros, novios y enamorados eran los agresores informados con mayor frecuencia en las encuestas que medían este indicador.

La exposición a la violencia en la niñez aumenta el riesgo de otras formas de violencia en etapas posteriores de la vida y tiene importantes efectos intergeneracionales negativos:

La exposición a la violencia en la niñez puede tener efectos de largo plazo e intergeneracionales. La prevalencia de violencia por parte de un esposo/compañero era significativamente mayor (en general unas dos veces mayor) entre las mujeres que informaron haber sido maltratadas físicamente en la niñez, en comparación con las que no. La proporción de mujeres que informaron que su padre (o padrastro) golpeaba a su madre (o madrastra) variaba ampliamente según el país, entre la octava parte (12,6 %) en Haití 2005/6 y casi la mitad (48,3 %) en Bolivia 2003. En siete de 13 países, la cuarta parte o más de las mujeres informaron exposición a este tipo de violencia doméstica.

La impunidad frente a los  crímenes cometidos contra las mujeres y las niñas  y la alta tolerancia social hacia la violencia contra ellas posicionan a América Latina y el Caribe como la región con más asesinatos contra las mujeres. De acuerdo a la convención de Ginebra, en su reporte de 2011, de los 2,5 países con las más altas tasas de femicidios/feminicidios, 14, más del 50%, se encuentran en América Latina y el Caribe. Se calcula que en Brasil cada 6 horas una mujer muere por parte de una agresor conocido. En Colombia, cada 6 días una mujer muere a manos de su pareja o ex pareja. En México un reciente estudio mirando las tendencias de los últimos 25 años  del Instituto Nacional de las Mujeres y ONU Mujeres demuestra que si bien, hay reducciones en las tasas de homicidios, sigue de una manera preponderante los asesinatos a las mujeres por su pareja o expareja.

Para muchos las reivindicaciones de las mujeres de los últimos años significan que estas violaciones sistemáticas a los derechos humanos son cosa del pasado, pero no olvidemos que a nivel mundial, 35% de los asesinatos de mujeres son cometidos por la pareja comparado con un 5% para los hombres de acuerdo a estudio preliminares de la OMS.  Estos cálculos deben ser vistos como modestos pues no hay información comparable entre los países, lo que alimenta la cultura de la impunidad.

Como lo ha explicado la Relatora Especial para la eliminación  de la violencia contra las mujeres, sus causas y consecuencias, los homicidios de mujeres relacionados con el género, más que una nueva forma de violencia, constituyen la manifestación extrema de formas de violencia que existen contra la mujer.  No se trata de incidentes aislados que ocurren en forma repentina e imprevista sino más bien del acto último de violencia que tiene lugar en un continuo de violencia.  Al ver de una manera sistemática la violencia que ocurre en Brasil y en el resto de América Latina, no podemos más que ver las correlaciones entre los crímenes cometidos contra las mujeres por el hecho de serlo, incluida la violación, con las altas tasas de femicidio/feminicidio a nivel nacional y regional.

Por lo tanto, hacemos un llamado a garantizar el debido acceso a los servicios de atención y protección a las víctimas, asegurando que éstos incorporen una debida perspectiva de género y preserven la seguridad, la dignidad y la privacidad de las víctimas, evitando exponerlas nuevamente a situaciones de riesgo y revictimización.

Asimismo, invitamos a una reflexión profunda y urgente acerca de la cultura de impunidad y tolerancia a estas agresiones, de los valores culturales y modelos negativos de masculinidad que están por detrás de estos hechos, que reproducen y avalan conductas de agresión, dominación y violencia hacia las mujeres y niñas.